ASUNCIÓN. Una fuerte tormenta política sacude las estructuras de la Asociación Nacional Republicana (ANR) tras confirmarse una operación subterránea en el Poder Legislativo. El propio presidente del Congreso Nacional, Basilio «Bachi» Núñez, rompió el hermetismo y confirmó oficialmente la existencia de una maniobra liderada por un bloque de senadores disidentes en alianza con el equipo político del gobernador de Guairá, César «Cesarito» Sosa, cuyo objetivo final era arrebatarle la conducción de la Mesa Directiva. El titular del Legislativo calificó abiertamente el movimiento como un «conato» de golpe político, reconociendo que existieron reuniones y sondeos de votos, aunque minimizó su impacto al asegurar que la operación carecía de los números y del peso político necesario para prosperar.

De acuerdo con las filtraciones del ámbito parlamentario, los legisladores de la disidencia colorada, disconformes con la concentración de espacios de poder dentro del oficialismo, buscaron capitalizar la creciente influencia territorial de los jefes departamentales. El plan apuntaba a forzar un quiebre en la bancada mayoritaria utilizando el peso del Consejo de Gobernadores —gremio presidido por Sosa— como moneda de cambio en las negociaciones de las listas del Senado. Sin embargo, la oportuna reacción de los operadores del cartismo y el blindaje normativo de la Mesa Directiva terminaron por desarticular el intento de desborde institucional.

A raíz de este cruce de pasillos, los principales referentes de Honor Colorado salieron a marcar territorio con dureza. Mientras el senador Silvio «Beto» Ovelar acusó al gobernador de Guairá de «embarrar la interna» y afirmó que «le falta madurar», el propio Núñez apeló a la ironía futbolística para lanzar una advertencia tajante al joven jefe departamental: «Cesarito muy rápido entró a jugar en primera división, lo ideal es mantenerse».

Por su parte, buscando desactivar una escalada de represalias por parte de la cúpula partidaria, el gobernador César Sosa ensayó una respuesta conciliadora a través de medios locales como Radio Ñandutí, declarando que no pretende polemizar con figuras a las que considera «prestigiosas y respetadas». No obstante, Sosa admitió que existe una «rivalidad natural entre senadores y gobernadores» debido a las exigencias de respeto hacia los espacios políticos del interior. Aunque el «conato» fue contenido, la confirmación explícita del complot deja en evidencia una incipiente fractura y una puja abierta por el recambio generacional de cara a los escenarios electorales futuros.

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