Mientras las familias del Bañado Sur, de Concepción y de las zonas ribereñas de Asunción y el interior duermen con el agua al cuello, la denominada prensa centralina del Paraguay prefiere empacharse con el morbo de los pasillos de Mburuvicha Róga y el Congreso Nacional. Para los grandes conglomerados mediáticos con sede en la capital, la agenda del país se reduce a una interminable masturbación intelectual sobre la interna colorada, las idas y venidas de Santiago Peña, y los últimos berrinches de Honor Colorado; un verdadero «turca show» televisado que ignora deliberadamente el drama humanitario que se vive en las calles.

La desconexión de los medios asuncenos con la realidad del pueblo paraguayo ha alcanzado niveles alarmantes de cinismo. Abrir los principales diarios o sintonizar los noticieros matutinos es enfrentarse a un bombardeo de análisis políticos estériles, conspiraciones de cúpula y disputas de poder que no le cambian la vida a nadie. Mientras tanto, la crisis climática y la total desidia estatal golpean con fuerza a miles de compatriotas que lo pierden todo en cada inundación, enfrentando el frío, la falta de alimentos, la pérdida de sus precarios hogares y la proliferación de enfermedades sin asistencia médica alguna.

La agenda mediática de la centralización no solo es sorda ante el dolor del Paraguay profundo y periférico, sino que actúa como un escudo protector para la clase política, desviando el foco de lo verdaderamente urgente: la falta de infraestructura básica, el desempleo y las necesidades diarias de la gente que sobrevive con el «cháke» cotidiano. Al priorizar el entretenimiento político y la simulación de crisis gubernamentales sobre el hambre y el aislamiento de las comunidades afectadas por las crecidas, la prensa de la capital renuncia a su rol social. En su afán por alimentar el espectáculo del poder, han decidido dejar al pueblo paraguayo flotando a su suerte en el olvido.

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