Pedro Juan Caballero volvió a convertirse en escenario de una guerra abierta entre facciones criminales. En menos de 10 días, dos ataques tipo sicariato vinculados al narcotráfico dejaron tres muertos y reavivaron el temor a una nueva purga del crimen organizado en la línea fronteriza con Ponta Porã.

El caso más estremecedor ocurrió en la madrugada del lunes 19 de octubre, a las 04:00, en el barrio Obrero. Un comando de al menos 10 hombres con ropas tácticas negras, armados con fusiles y movilizándose en dos camionetas Toyota Fortuner, irrumpió en una vivienda ubicada sobre Valois Rivarola entre Choferes del Chaco y Elisa Lynch.

En el lugar acribillaron en la vereda a Carolina Benites Arce, brasileña de 27 años, cuando intentó impedir que se llevaran a su pareja. Los atacantes secuestraron a Marcelo Juan Ortiz Moura, de 26 años, paraguayo que también usaba la identidad brasileña de Marcelo Ruan Lázaro Ortiz, y huyeron.

Veinticuatro horas después, el desenlace. El martes 20, la Policía de Amambay halló el cuerpo de Ortiz Moura maniatado, con una bolsa de polietileno en la cabeza y envuelto en una carpa negra, en la colonia Potrero Ortiz, a 14 kilómetros del lugar del rapto y a solo 20 metros de Brasil. Fue ejecutado a tiros. Ese mismo día, en una zona de sojales a 11 kilómetros, apareció quemada la Toyota Fortuner utilizada en el secuestro, a 200 metros de la frontera.

La investigación confirmó lo que se sospechaba: no era un ciudadano común. Ortiz Moura era prófugo de la Justicia brasileña, con orden de captura por narcotráfico en Campo Grande, Mato Grosso do Sul, e investigado por homicidios. Según el fiscal Emilio Álvarez, la vivienda atacada ya había sido allanada el 13 de mayo, cuando se detuvo allí a un ex militar brasileño vinculado al Primer Comando da Capital (PCC). En el allanamiento de esta semana se incautaron cargadores, documentos de armas y celulares. Un tercer hombre, Geovanne Matheus Rodrigues Martínez, de 28 años, identificado como su secretario, sobrevivió al ataque y ya declaró.

El antecedente inmediato había ocurrido apenas 8 días antes. La noche del sábado 11 de octubre, en la fracción Ciudad Nueva, en el límite entre los barrios Defensores del Chaco y Jardín Aurora, Roberto Álvarez Leguizamón, alias «Killo’i», de 28 años, fue ejecutado a quemarropa. Dos sicarios en moto interceptaron su Toyota Fortuner y le propinaron 16 disparos de pistola 9mm. Murió en el sanatorio Viva Vida.

Para los investigadores, los dos hechos responden a un mismo patrón: ajustes de cuentas entre células del narcotráfico que operan a ambos lados de la frontera seca. Pedro Juan Caballero, históricamente bastión del PCC y del Comando Vermelho, registra ejecuciones de este tipo como método de disciplinamiento interno, cobro de deudas por cargas perdidas o disputa de rutas de cocaína y marihuana hacia Brasil.

La forma de operar – comandos numerosos, uso de fusiles, vehículos clonados, quema de evidencias y abandono de cuerpos en la línea internacional para dificultar la jurisdicción – es la firma habitual del crimen organizado fronterizo. La Policía Nacional y el Comando Tripartito ya trabajan con la Policía Federal brasileña para determinar si ambas ejecuciones forman parte de una misma purga ordenada desde las cárceles de Mato Grosso do Sul.

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