Un día después de anunciar que Honor Colorado no presentará candidatos para las internas de 2027, el presidente de la ANR, Horacio Cartes, reapareció este lunes 20 de octubre con un video que sacudió al tablero político.

«Quiero que todos estén atentos, porque ahora voy a hacer la detonación y para quienes les pueda interesar, ojo», dijo Cartes antes de presionar el detonador y provocar una explosión controlada en su cementera Cecon, en San Lázaro, Concepción.

La escena, que él mismo definió como la visita al «proyecto más deseado en toda nuestra vida, nada más y nada menos que Cecon, la planta número uno del país», fue interpretada como una advertencia directa en plena crisis del oficialismo.

Su mano derecha, Eduardo González, no disimuló el doble sentido: «Él es una persona que se pasa tomando decisiones todos los días y ante una decisión tiene consecuencias. Y a veces una explosiva».

La «detonación» política real había ocurrido 48 horas antes. El sábado 18 de octubre, a las 7 de la mañana, su ungido Juan Carlos Baruja anunció que no está en su interés formar parte de ninguna dupla para 2028. Nueve horas después, a las 17:15, Cartes publicó el comunicado definitivo: «En mi carácter de Presidente de la ANR, y como titular del movimiento Honor Colorado, he tomado la postura que este movimiento no presentará candidatura alguna».

Fue el final de una crónica de quiebre anunciado. El 13 de octubre, Santiago Peña le comunicó a Pedro Alliana que Cartes lo había desplazado como precandidato presidencial para poner a Baruja. Ese mismo día, en una casa en zona neutral de Édgar Melgarejo, Cartes se reunía con su archienemigo Mario Abdo Benítez, sellando lo que muchos leen como un pacto contra el propio gobierno.

La jugada deja a la ANR en su mayor bomba política en años. Alliana, respaldado por 15 gobernadores, el titular de Diputados Raúl Latorre, el presidente del Congreso Basilio «Bachi» Núñez y el propio Santiago Peña, ya trabaja en un nuevo movimiento para competir en 2027, mientras Cartes anuncia que se dedicará solo a presidir el partido.

La detonación en Cecon, entonces, fue literal y simbólica a la vez: el empresario que hizo estallar la cantera, y el caudillo que hizo estallar su propio movimiento.

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