Un terremoto político sin precedentes sacude los pasillos del Senado paraguayo, donde el pánico y el sudor frío se han apoderado de los legisladores oficialistas. El motivo de este desespero colectivo no son las denuncias de corrupción administrativa, sino el terror a que salgan a la luz los detalles de supuestas exclusivas y desenfrenadas fiestas privadas organizadas por miembros de la Cámara Alta.

El núcleo duro del oficialismo estaría en un operativo de salvataje desesperado para evitar a toda costa la expulsión de la senadora Zenaida Delgado. La razón detrás de este repentino y férreo blindaje corporativo es un candente chisme de pasillo que estuvo cobrando fuerza desde ayer: Según versiones existiría una abierta amenaza de extorsión.

La senadora Delgado poseería un arsenal de pruebas incriminatorias que incluyen videos y chats de alto voltaje sobre estos encuentros clandestinos de esparcimiento.

El mensaje de la legisladora ha sido directo y contundente: si votan por su destitución y la dejan fuera del Parlamento, destaparía la olla y publicaría los registros de las farras, excesos y conductas privadas que comprometen directamente la reputación de encumbrados referentes del Gobierno. Esta advertencia paralizó de inmediato las intenciones de voto de la bancada mayoritaria, transformando el debate judicial por «peaje salarial» en una desesperada operación de control de daños para proteger la intimidad y la supervivencia política del propio bloque.

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