El panorama político en Paraguay se ha sacudido de forma drástica tras las elecciones municipales del 4 de octubre de 2026, cuyos resultados reconfiguraron las fuerzas internas y marcaron el inicio de una carrera anticipada hacia las elecciones presidenciales de 2028.
Por el lado del oficialismo, la Asociación Nacional Republicana (ANR) logró retener el control territorial de la gran mayoría de los distritos a nivel nacional, pero sufrió derrotas estratégicas en los principales centros urbanos. La más significativa fue la pérdida de Asunción a manos de Soledad Núñez, una sorpresiva victoria opositora que representa un golpe político directo para la ANR según reportó La Tribuna y que obliga al partido de gobierno a replantear su estrategia urbana.
Ante este escenario de voto de castigo, el presidente Santiago Peña optó por minimizar el impacto del resultado, declarando a Última Hora que las municipales «no definen nada todavía» respecto a las generales de 2028. Mientras tanto, en la interna colorada, el vicepresidente Pedro Alliana se consolida como el candidato natural del movimiento Honor Colorado, contando con el respaldo explícito de referentes como el presidente de Diputados Raúl Latorre, aunque la definición de su dupla vicepresidencial se ha postergado para buscar mayor consenso en las bases de cara a la transición.
Por otra parte, la oposición ha experimentado un profundo cambio de liderazgos, restando centralidad al histórico e internamente fragmentado PLRA y fortaleciendo un nuevo eje territorial concentrado entre Asunción y Alto Paraná. En Ciudad del Este, el movimiento Yo Creo arrasó con el 72.83% de los votos de la mano de Daniel Pereira Mujica, ratificando el liderazgo regional del intendente esteño Miguel Prieto.
Tras estos comicios, Prieto ha confirmado su intención de competir por la presidencia en 2028, moderando su discurso internacional al asegurar que mantendrá las relaciones clave con Taiwán, Estados Unidos e Israel para proyectar una imagen de centro capaz de atraer al electorado independiente. Esta figura, sumada al alto posicionamiento de Soledad Núñez tras su triunfo en la capital, perfila una chapa presidencial opositora altamente competitiva y con un fuerte arrastre metropolitano.
De acuerdo con el análisis del politólogo Alfredo Boccia en El Nacional, los resultados de octubre de 2026 definen fundamentalmente «el ánimo» con el que ambos bandos encararán los próximos dos años. El oficialismo ya no corre con una ventaja absoluta e indiscutible, y se enfrentará a una oposición emergente que, si logra articular la estructura tradicional del interior del país con el empuje de las nuevas figuras urbanas, planteará una batalla abierta, intensa y polarizada por el Palacio de López en 2028.


