El demoledor contraste entre los resultados oficiales del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) y las proyecciones difundidas el domingo electoral desató una ola de indignación ciudadana, instalando la denuncia de una «estafa electoral masiva» ejecutada por consultoras privadas.
El blanco principal de las críticas es la encuestadora Ati Snead, junto a otras firmas del sector, acusadas de distorsionar la realidad de manera deliberada y de «fabricar» números a medida de sus clientes políticos para manipular la percepción pública e inducir al voto.
Semanas antes de los comicios, los sondeos de Ati Snead Consultores presentaban al candidato de la ANR, Camilo Pérez, con una ventaja supuestamente irreversible que superaba el 52 % de las preferencias, relegando a la opositora Soledad Núñez a un lejano segundo puesto de entre el 34 % y 35 %. Esta manipulación alcanzó su punto álgido durante la jornada de votación en sus cortes de «boca de urna» vespertinos, donde la firma llegó a publicar que el candidato colorado aventajaba a la oposición por una brecha astronómica del 57,1 % frente a un magro 34,9 %, asegurando que existía una diferencia insalvable de más de 22 puntos porcentuales.
Sin embargo, la farsa de las encuestadoras se desmoronó por completo al iniciarse el escrutinio oficial del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), demostrando que la supuesta ventaja era una falacia absoluta. Al procesarse el 99,92 % de las mesas reales, los resultados definitivos arrojaron un escenario diametralmente opuesto: Núñez consolidó su victoria con 133.325 votos (47,78 %) frente a los 128.301 sufragios (45,98 %) conseguidos por Pérez.
La difusión de estas cifras «infladas» durante el horario de votación provocó el rechazo inmediato de la ciudadanía y de los apoderados opositores, quienes denunciaron que las bocas de urna ya no operan como herramientas estadísticas, sino como mecanismos de propaganda pagada destinados a desmoralizar a los votantes y justificar fraudes.
El nivel de desvío —superior a los 24 puntos de error— excedió cualquier margen técnico tolerable y calificó directamente como un engaño abierto que dejó en terapia intensiva la credibilidad de los mercaderes de las encuestas en Paraguay.


