El presidente de Paraguay, Santiago Peña, intentó restar dramatismo a la histórica caída del Partido Colorado (ANR) en la capital tras confirmarse la victoria de la candidata opositora Soledad Núñez en las elecciones municipales. Al retirarse de la Junta de Gobierno de la ANR, en momentos en que los operarios ya desmontaban el escenario preparado para unos festejos oficiales que nunca ocurrieron, el mandatario paraguayo instó a «mesurar el momento» y calificó el revés electoral como el resultado de una «elección muy ajustada», evitando admitir de forma explícita el fracaso del oficialismo en el principal distrito del país.

Según los datos del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), con el 99,92 % de las mesas escrutadas, Núñez consolidó su triunfo con 133.325 votos (47,78 %) frente a los 128.301 sufragios (45,98 %) obtenidos por el candidato cartista Camilo Pérez, sellando una diferencia irreversible de 5.024 votos a favor de la alianza opositora.

Ante la insistencia de los medios de prensa que cuestionaron la pérdida del bastión capitalino, Peña argumentó que al tratarse de un margen milimétrico de apenas el 1,8 %, «nadie puede cantar una victoria rutilante ni una pérdida estrepitosa» en Asunción. Inmediatamente, el jefe de Estado desvió el foco de atención hacia el desempeño de la ANR en el resto del territorio nacional, destacando que el coloradismo expandió con creces su hegemonía global al conquistar aproximadamente 186 intendencias en todo el país.

Aunque el mandatario admitió que las urnas de la capital dejan «muchísimo para analizar» de cara al futuro político y la gobernabilidad, prefirió cerrar sus declaraciones rescatando el civismo y la normalidad de la jornada, restando trascendencia al duro golpe político que debilita el control territorial de su movimiento político en el corazón administrativo de la República.

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