La ingeniera Soledad Núñez asumió formalmente como nueva intendenta de Asunción para el periodo 2026-2031, convirtiéndose en la primera mujer de la oposición en conducir la capital paraguaya. Durante su acto de juramentación ante la Junta Municipal, advirtió que “Asunción ya no puede seguir esperando” y sentenció que en su administración “el dinero público es sagrado”, exponiendo la severa crisis administrativa, vial e infraestructural heredada de la gestión de Óscar “Nenecho” Rodríguez y el breve interinato de Luis Bello.
Los informes de transición revelaron un alarmante colapso financiero en las arcas municipales, destacando el desvío ilegal de G. 512.000 millones de los bonos G8 —emitidos exclusivamente para obras de infraestructura— que se licuaron en gastos corrientes y salarios a través del mecanismo de cuenta única.
Con esto, la nueva administración hereda una deuda en bonos que supera los US$ 210 millones con vencimiento al 2031, además de un incumplimiento inmediato de intereses acumulados por G. 191.000 millones.
Este descalabro presupuestario se traduce de forma dramática en el estado crítico de las calles: de los ocho megaproyectos de desagüe pluvial prometidos para mitigar los destructivos raudales, ninguno fue concluido.
Las obras en las cuencas de San Pablo y el Abasto se encuentran totalmente paralizadas, sin fondos y con cañerías expuestas, mientras que los proyectos en General Santos y San Antonio registran un nulo avance físico de apenas el 2% a casi 600 días de la palada inicial, acumulando sobrecostos globales que rozan los US$ 8 millones por modificaciones improvisadas de diseño.
Ante esta situación, Núñez encabezó un encuentro ciudadano en el Palacete Municipal e instó a los 24 nuevos concejales a generar acuerdos por encima de los colores partidarios para reflotar de manera urgente los servicios esenciales de aseo urbano, bacheo y ordenamiento financiero de la capital.


