ASUNCIÓN. El anhelo del empresario Miguel Vázquez de transformar a ueno bank en el primer «unicornio» de Paraguay —una compañía tecnológica valorada en 1.000 millones de dólares— se convirtió en una pesadilla para el sistema financiero y los fondos públicos. El Banco Central del Paraguay (BCP) dictó la resolución de la entidad por insuficiencia de fondos y presunto vaciamiento, sepultando las ambiciones de la firma y desatando un escándalo de proporciones mayúsculas.

La debacle ocurre luego de que el banco privado fuera el principal destino de una masiva canalización de recursos estatales. Con el aval de la administración del presidente Santiago Peña, el Gobierno del Paraguay transfirió cerca de 855 millones de dólares en fondos públicos a la institución.

Este millonario flujo de dinero provenía de sectores sensibles y estratégicos del Estado:
• Los fondos jubilatorios del Instituto de Previsión Social (IPS).
• Presupuestos de ministerios y direcciones clave del Ejecutivo.
• Recursos provenientes de las entidades binacionales Itaipú y Yacyretá.

Lo que inició como una agresiva promesa de modernización bancaria terminó en una crisis abierta. La intervención forzosa de la banca matriz deja en vilo el millonario capital de los contribuyentes y asegurados, transformando el promocionado «sueño empresarial» en una de las peores crisis de confianza financiera de los últimos años.

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