El repentino canibalismo político desatado por el colapso de ueno bank ha provocado un delicioso e impagable espectáculo de humillación pública en el zoológico digital paraguayo. Tras meses de ensalzar una supuesta «unidad» sostenida con alfileres y billetera, el vicepresidente Pedro Alliana decidió que era un excelente momento para dinamitar el barco, exigir «cortar cabezas» y bajarse de su propia carroza presidencial porque, según sus palabras, no piensa pagar la «fiesta» de Santiago Peña.
Este repentino ataque de honestidad —o de pánico— ha dejado en un absoluto, trágico y ridículo offside a toda la legión de tuiteros pagos, operadores de teclado y aplaudidores seriales que defienden a Cartes, Peña o Alliana según el depósito bancario del mes.
La confusión en las granjas de troles es tan destructiva que algunos operadores, en su desesperación por no saber a cuál de sus tres amos lamerle las botas hoy, han empezado a tuitear recetas de cocina para rellenar el bache mental.
Mientras los «hurreros» de cuello blanco se ahogan en su propio sudor tratando de descifrar la nueva orden del día, la ciudadanía asiste al hermoso y macabro show de ver cómo el relato oficialista se devora a sí mismo, demostrando que en el circo del gobierno la lealtad dura exactamente lo que tarda en rebotar un cheque sin fondos.


